A veces creemos que a nosotros nada bueno puede pasarnos, que estamos condenados a vagar solos, a fingir las sonrisas y resignarse a pensar que el mundo está en nuestra contra. Estamos tan acostumbrados a ser infelices que tenemos miedo a ser felices, a que todo nos vaya bien porque sabemos que la caída desde arriba duele más .Pero entonces, cuando menos te lo esperas, estas en el momento adecuado, con la persona indicada, y tus pilares se desmoronan. Sin darte cuenta vuelves a estar ilusionada, vuelves a sentir sensaciones que creías olvidadas, pero también tienes miedo de volver a ser la de antes, aquella que vivía con miedo a las decepciones, a las heridas y a las cicatrices, pero no es momento de tener miedo, es momento de dejarse llevar, de vivir, de soñar despierta, de hacer lo que tú quieras con quien tú quieras y como tú quieras. El mundo seguirá estando en tu contra, pero ya no estas sola.
Y ahí estaba yo, sola en el lugar donde todo empezó, y donde acababa de acabar, intentando no llorar, pero cuanto más lo intentaba, menos lo conseguía. Buscando la manera de ser fuerte, de recomponerme sin éxito e intentando encontrar en qué momento se rompió la magia que nos unía, el momento en el que se rompió todo y mi corazón con él.
Era sólo una ilusión sin esperanza
que pasó como un día de abril
pero aquella mirada, aquella palabra
y los ensueños que despertaron
me robaron el corazón